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Movilidad científica, un fenómeno con múltiples caras

 

I wrote to Luria to save me

J.D. Watson (1968)

En su relato acerca del descubrimiento de la estructura del ADN, son muchas las menciones que hace James D. Watson a su mentor Salvador Luria y el papel clave que jugó en buscarle la financiación necesaria para que pudiera mantenerse durante su etapa postdoctoral en Europa. Primero Copenhague y finalmente, tras un infructuoso intento por ir a Londres y una pequeña estancia en Nápoles, Cambridge, donde conoció a Francis Crick dando lugar a uno de los grandes y tal vez el más conocido de los descubrimientos del siglo XX. Salvador Luria, premio Nobel de Medicina en 1969 por sus descubrimientos sobre el mecanismo de replicación de los virus, siempre acudía al rescate de su discípulo ya fuera buscando financiación o introduciéndole a otros colegas para que Watson pudiera seguir viajando y expandiendo sus conocimientos. La libertad para viajar, experimentar, fracasar y reinventarse fue clave en el descubrimiento de la estructura del ADN.

No obstante, el papel de la movilidad en la ciencia nunca ha estado exento de cierta polémica. ¿Quiénes ganan, quiénes pierden? ¿Tienen los investigadores que se mueven una carrera más brillante que aquellos que no lo hacen? ¿Se produce mejor ciencia cuando se viaja? ¿Qué costes familiares tiene para el investigador? Es evidente que la movilidad científica es per se positiva para el sistema científico. Favorece el intercambio de ideas, tecnología y conocimiento. Asimismo, los investigadores móviles suelen colaborar más con sus colegas extranjeros que aquellos que no lo hacen y su investigación suele tener mayor repercusión dentro de la comunidad científica. Sin embargo, la carrera por el talento, especialmente incentivada por los rankings de universidades, así como la llamada fuga de cerebros amenazan con estratificar y aumentar las diferencias entre países en relación a su potencial científico y, por ende, su capacidad para formar a las generaciones futuras. Es más, eventos recientes como el Brexit en el Reino Unido o los intentos del presidente Trump por limitar la inmigración de ciertos países, ponen en peligro la libre circulación de investigadores y amenazan con daños irreparables a los países afectados por dichas políticas.

En este contexto, queda patente la necesidad de desarrollar metodologías y técnicas que nos permitan conocer mejor esta realidad para poder analizar sus efectos, consecuencias y repercusión de cara a elaborar políticas científicas que favorezcan el crecimiento del sistema científico nacional. Hasta ahora, el estudio de la movilidad científica se ha hecho a través de encuestas que hacían un seguimiento de la carrera del investigador o analizando los currículos científicos de los investigadores. No obstante, estas metodologías de recogida de datos son costosas (tanto en dinero como en tiempo) y problemáticas a la hora de hacer análisis globales que permitan hacer comparativas entre países, así como monitorizar periódicamente los cambios y fluctuaciones de investigadores que se van produciendo.

En busca de un método universal para estudiar la movilidad científica

Asimismo, el tipo de movilidad que se analiza también difiere. Un investigador puede hacer estancias temporales en otros institutos de investigación, puede cambiar de institución o puede estar afiliado a más de una institución. El tipo de movilidad no sólo tendrá repercusiones distintas para el investigador, sino también para las instituciones que lo acojan. Es evidente la repercusión que tuvo para Watson su viaje a Europa durante su periodo postdoctoral. Pero también la que tuvo para su país de origen, Estados Unidos, al que regresó poco después para ingresar en la Universidad de Harvard. Concebida de este modo, la movilidad científica es un fenómeno que fortalece la colaboración entre países y permite una mayor interacción beneficiando tanto al país que recibe al investigador como a aquel que lo recibe. Programas como Fulbright en Estados Unidos, Marie Slokowska Curie en Europa o Ramón y Cajal en España, fueron diseñados precisamente para estimular dicho intercambio de capital humano. Por otra parte, las noticias sobre jóvenes talentos obligados a abandonar su país de origen ante la falta de oportunidades o debido a atractivas políticas de captación de otros países son frecuentes reflejan el lado más oscuro de este fenómeno.

Figura 1 Flujos de movilidad entre países europeos (imagen superior) y mapa de calor con los países que más investigadores envían y reciben en Europa (imagen inferior)

Pero, ¿cómo cuantificar y analizar de manera objetiva el fenómeno de la movilidad científica a nivel global? Una de las propuestas más prometedoras que se han hecho es el empleo de las publicaciones científicas para rastrear el movimiento entre países de los investigadores. El punto de partida es bien sencillo. Si somos capaces de identificar todas las publicaciones de cada uno de los investigadores del mundo de las bases de datos internacionales, podremos rastrear los cambios de afiliación en la firma de cada uno de sus artículos. Obviamente, contaremos con importantes limitaciones, empezando por la necesidad de que el investigador o investigadora publique para poder contar con la información necesaria. Asimismo, el tipo de movilidad que rastrearemos será aquella en la que se produzca un cambio de afiliación institucional, ignorando estancias de investigación cortas y visitas a otros centros.

Aun así, el poder de dicho método es evidente, ya que utilizamos una misma fuente para rastrear movilidad en todos los países del mundo para cualquier periodo de tiempo. Asimismo, podemos analizar el fenómeno de la movilidad desde dos puntos de vista tradicionalmente enfrentados: visto como un juego donde unos países pierden y otros ganan o como una red global donde los países se relacionan e integran compartiendo talento. La figura 1 integra estas dos perspectivas, en la imagen superior vemos una red de países unidos entre sí en función del número de trabajadores que comparten. Países como Alemania, Francia, Italia o Suiza se sitúan en posiciones centrales, convirtiéndose en nexos de unión entre los distintos países europeos. Si nos detenemos en las imágenes inferiores, la lectura es diametralmente opuesta. Los investigadores móviles en Europa vienen principalmente de países del sur y este de Europa, mientras que los países de destino se sitúan en el centro y el norte de Europa.

Viajar y migrar, dos caras de la misma moneda

Pero esta visión más pesimista de la movilidad de ganadores (aquellos que atraen talento) y perdedores (aquellos que lo pierden) es excesivamente reducida tal y como muestran los datos. Entendiendo a los investigadores móviles como aquellos que publicaron trabajos científicos con afiliaciones de más de un país, observamos que el fenómeno de la movilidad científica no se reduce únicamente a la migración entre países. Es más, los migrantes son los menos (aquellos que abandonan un país para marcharse a otro) y que casi el 70% de los investigadores móviles del mundo son viajeros, gente que nunca deja de estar afiliada a su país de origen pero que también está afiliada a otros países.

Esto no sólo refleja lo complejo del fenómeno de la movilidad científica, sino la manera trivial y simplista en la que es muchas veces tratada en la prensa. Ejemplo de ello es la figura 2, donde mostramos el caso de José Baselga. Este ilustre investigador fue objeto de noticias en las que se criticaba la fuga de cerebros del sistema español (algo que lamentablemente es una realidad) pero que en su caso no queda patente al analizar los países a los que está afiliado este investigador. De manera que, si observamos sus primeros cuatro años de carrera investigadora, comprobamos cómo siempre firma al menos una publicación con una entidad española, ya sea una co-afiliación (firmando con más de una institución de más de un país) o afiliación única (varias publicaciones firmadas con distintas afiliaciones). Y es que es cada vez más común en el mundo científico el tener varias afiliaciones ya sea como investigador visitante o repartiendo el tiempo de trabajo (y el sueldo) entre varias instituciones.

Figura 2 Recorrido científico de los cuatro primeros años de investigación de José Baselga. El asterisco indica que el trabajo se firmó con más de una afiliación

España y el eterno dilema

En España la movilidad siempre ha sido un tema polémico. El sistema universitario, señalado en múltiples ocasiones como excesivamente endogámico ha diseñado con mayor o menor éxito políticas de movilidad nacional (por ejemplo, el programa Juan de la Cierva) como de captación de talento externo (por ejemplo, el programa Ramón y Cajal). Sin embargo, el programa que mayor reconocimiento ha tenido hasta la fecha ha sido el diseñado por la Generalitat de Catalunya, el programa ICREA, emulado con mayor o menor acierto por otras comunidades como Madrid o País Vasco. Muchos de los investigadores que participan en estos programas de captación de talento suelen ser españoles retornados. Pero también los hay de potencias científicas como Estados Unidos o Reino Unido, países vecinos como Italia o Francia y países latinoamericanos como Argentina o Brasil.

Figura 3 Flujos de investigadores que comenzaron a publicar en el año 2008 en el top 10 de países de los que España recibe más investigadores que acabaron en España en 2015.

Figura 4 Investigadores móviles que comenzaron a publicar en 2008 y dónde fueron. Sólo se muestra el top 10 de países con mayor número de investigadores de España recibidos.

El panorama es relativamente similar si nos fijamos en aquellos que abandonan España. Estados Unidos y Reino Unido vuelven a ser los destinos preferidos junto con aquellos que retornan. Pero la preferencia por quedarse en Europa es mayor en términos comparativos. Países como Alemania, Francia y en menor medida Portugal e Italia, cobran fuerza como destinos preferidos frente a los países latinoamericanos. Solamente Chile figura entre los diez destinos preferidos de los investigadores españoles. Y aunque las motivaciones que llevan a viajar o migrar son variadas y no siempre positivas, los números muestren que son aquellos investigadores que cuentan con movilidad los que tienen mayor repercusión científica. Para poder establecer políticas científicas que beneficien al sistema español, es necesario comprender el fenómeno de la movilidad en toda su extensión y huir de visiones simplistas y reduccionistas de dicho fenómeno.

Referencias

Sugimoto, C. R., Robinson-Garcia, N., Murray, D. S., Yegros-Yegros, A., Costas, R., & Larivière, V. (2017). Scientists have most impact when they’re free to move. Nature, 550(7674), 29–31. https://doi.org/10.1038/550029a